Teatro. La voz de la Madre.

 Hilo 3

 La obra reflexiona sobre la memoria, el perdón y la reconciliación, invitando al espectador a pensar en el valor de la verdad y de la escucha.

Enlace: [Pega aquí el enlace]





🎭

La voz de la madre.

Acto I — Escena 1:

La casa silenciosa.

(Drama en tres actos, inspirado libremente en el universo de Máximo Gorki)




ESCENA 1

Interior de una casa humilde.
 La luz es tenue, gris, como si el exterior no terminara de entrar nunca del todo.
 Se oye, muy lejanamente, el ruido de la calle: carros, pasos, voces dispersas.

Una mesa de madera. Una silla desgastada. Un icono antiguo en una pared.
 El tiempo parece detenido.

LA MADRE está sentada. No hace nada.
 Tiene las manos apoyadas sobre el regazo.
 No mira nada en concreto, pero lo observa todo.

Silencio.

Solo el sonido de un reloj antiguo.

La MADRE respira despacio.

Pausa larga.

Entra el HIJO. Joven. Rostro tenso, mirada despierta. Lleva un abrigo sencillo.
 No cierra la puerta del todo.




DIÁLOGO

HIJO
 Has dejado la luz encendida otra vez.

MADRE
 No es la luz lo que me molesta.

HIJO
 Entonces, ¿qué es?

MADRE
 El ruido… aunque no haya ruido.

(Pausa)

HIJO
 Afueras hay más ruido que dentro.

MADRE
 No siempre el ruido está fuera.

El HIJO la mira. No responde de inmediato.

Se acerca a la mesa, deja algo: un papel doblado.




MADRE
 ¿Qué es eso?

HIJO
 Una reunión.

La MADRE no se mueve.




MADRE
 Siempre hay reuniones ahora.

HIJO
 Antes también había cosas. Solo que no tenían nombre.

La MADRE levanta la vista por primera vez con atención real.




MADRE
 No me gusta ese tono.

HIJO
 No es un tono. Es una forma de mirar.

Pausa.

El silencio se hace más pesado.




MADRE
 No quiero que te metas en problemas.

HIJO
 Los problemas no se “meten”. Ya están dentro.




La MADRE aprieta ligeramente las manos.




MADRE
 Yo solo quiero que vivas tranquilo.

HIJO
 Tranquilo no es lo mismo que vivo.

(Pausa)




La MADRE baja la mirada.




MADRE
 Tu padre también decía cosas parecidas.

HIJO
 Y tú sigues aquí.




Silencio.

La frase cae sin dureza, pero con peso.

La MADRE no responde.

Se oye un ruido lejano de la calle. Más fuerte por un instante.




La MADRE se levanta lentamente. Va hacia la ventana.

No mira aún hacia fuera. Solo se acerca.




MADRE
 El mundo no cambia porque alguien lo desee.

HIJO
 No. Cambia cuando alguien deja de callar.




Pausa larga.

La MADRE finalmente mira por la ventana.

La luz exterior es fría.




ACOTACIÓN FINAL DE LA ESCENA

La MADRE permanece inmóvil mirando afuera.
 El HIJO la observa sin intervenir.

Por primera vez, la casa no parece un refugio, sino una frontera.

La luz del exterior empieza a ganar espacio en escena.

Oscuro lento.




ESCENA SIGUIENTE
 (Continuación del Acto I)

Oscuridad breve.

La luz vuelve poco a poco.

La misma casa.

Pero algo ha cambiado.

No en los objetos.

En la manera de estar dentro de ellos.

La MADRE sigue junto a la ventana.

El HIJO permanece donde estaba.

Ninguno ha abandonado su lugar.

Ha pasado tiempo.

No mucho.

El suficiente para que el silencio deje de parecer accidental.

La MADRE habla sin girarse.

MADRE
 ¿Vas todos los días?

HIJO
 Casi.

MADRE
 ¿Y haces qué?

El HIJO tarda en responder.

HIJO
 Escucho.

Pausa.

MADRE
 Eso no ocupa tantas horas.

HIJO
 Depende de lo que escuches.

La MADRE se gira despacio.

MADRE
 No me contestes como si yo no entendiera.

HIJO
 No te contesto así.

Pausa.

MADRE
 Entonces contéstame normal.

Silencio.

HIJO
 Hay reuniones.

MADRE
 Eso ya lo has dicho.

HIJO
 Se habla.

MADRE
 ¿De qué?

HIJO
 De cosas.

La MADRE sonríe apenas.

No por humor.

Por reconocimiento.

MADRE
 Cuando eras pequeño decías “cosas” cuando habías hecho algo.

Pausa.

MADRE
 ¿Has hecho algo?

El HIJO baja la vista.

No responde.

La MADRE da dos pasos.

Ahora están más cerca.

MADRE
 Te han visto.

Silencio.

El HIJO levanta lentamente la cabeza.

HIJO
 ¿Quién?

MADRE
 Eso ya da igual.

Pausa.

MADRE
 Han dicho que hablas.

El HIJO espera.

MADRE
 Que preguntas.

Pausa.

MADRE
 Que escribes.

Silencio.

El HIJO sonríe apenas.

No con alegría.

Con cansancio.

HIJO
 ¿Y eso preocupa?

La MADRE tarda.

Cuando responde, no parece responder a esa pregunta.

MADRE
 La gente tranquila no necesita explicar tanto dónde está.

Silencio.

HIJO
 ¿Quién te lo dijo?

La MADRE no responde.

Se acerca a la mesa.

Coloca bien un objeto que ya estaba recto.

MADRE
 Una madre escucha.

Pausa.

MADRE
 Aunque no pregunte.

El HIJO la observa.

Por primera vez parece verla distinta.

No como alguien que teme.

Como alguien que sabe más de lo que dice.

HIJO
 ¿Papá también hablaba?

La MADRE se queda quieta.

Demasiado quieta.

Pausa larga.

MADRE
 Tu padre…

Se detiene.

Mira la ventana.

Mira al HIJO.

MADRE
 Tu padre empezó diciendo que solo eran conversaciones.

Silencio.

Ninguno se mueve.

La luz exterior entra un poco más.

ACOTACIÓN FINAL DE LA ESCENA.

La MADRE permanece de pie.

El HIJO ya no parece un hijo pequeño.

Por primera vez aparece una sospecha nueva:

quizá la preocupación de la MADRE no nace del miedo al futuro.

Sino del recuerdo.

Oscuro.

ESCENA 6

La misma habitación.

La luz de la mañana comienza a llenar lentamente el espacio.

Ninguno de los dos ha cambiado de sitio.

El silencio ya no resulta incómodo.

Pesa.

HIJO
 ¿Qué pasó después?

La MADRE tarda en responder.

MADRE
 Después…

Pausa.

MADRE
 Las conversaciones dejaron de ser conversaciones.

HIJO
 No te entiendo.

MADRE
 Al principio todo parece pequeño.

Una reunión.

Un secreto.

Una llamada.

Una promesa.

Luego…

Sin darte cuenta…

Ya no sabes salir.

El HIJO baja la mirada.

HIJO
 Yo no estoy metido en nada.

MADRE
 Eso decía él.

Silencio.

HIJO
 Papá no era una mala persona.

MADRE
 Nunca he dicho que lo fuera.

Pausa.

MADRE
 Las personas no cambian de un día para otro.

Cambian muy despacio.

Casi sin darse cuenta.

El HIJO se acerca a la ventana.

Mira la calle.

HIJO
 Nunca me contaste nada.

MADRE
 Porque eras un niño.

HIJO
 Y ahora…

La MADRE lo observa.

MADRE
 Ahora ya puedes escuchar.

Pausa.

HIJO
 ¿Él tenía miedo?

La MADRE sonríe con una tristeza apenas visible.

MADRE
 Mucho.

HIJO
 Yo siempre lo vi tranquilo.

MADRE
 Los que más miedo tienen…

son los que mejor aprenden a disimularlo.

Silencio.

Desde la calle llega el sonido lejano de unas campanas.

El HIJO vuelve lentamente hacia su madre.

HIJO
 ¿Crees que me parezco a él?

La MADRE tarda unos segundos en responder.

MADRE
 En algunas cosas.

Pausa.

MADRE
 Y eso es precisamente lo que me preocupa.

Oscuro.

ESCENA SIGUIENTE.

La luz regresa lentamente.

La habitación permanece en silencio.

Las campanas ya han dejado de sonar.

La MADRE continúa sentada.

El HIJO permanece de pie, como si la última frase hubiera quedado suspendida entre los dos.

Pausa.

HIJO
 ¿Tan malo era parecerse a él?

La MADRE niega despacio con la cabeza.

MADRE
 No.

Pausa.

MADRE
 Lo malo es repetir lo que uno no ha comprendido.

Silencio.

El HIJO baja la vista.

HIJO
 Yo apenas lo conocí.

MADRE
 Precisamente por eso.

Pausa.

MADRE
 Hay recuerdos que se heredan sin haberlos vivido.

El HIJO frunce ligeramente el ceño.

HIJO
 ¿Eso puede pasar?

La MADRE asiente.

MADRE
 Sí.

Uno aprende los silencios de su casa antes que las palabras.

Pausa.

Aprende dónde no se pregunta.

Qué nombres no se pronuncian.

Qué puertas es mejor dejar cerradas.

El HIJO escucha sin interrumpir.

Por primera vez comprende que la historia de una familia no siempre está escrita en fotografías o documentos.

A veces permanece escondida en las conversaciones que nunca llegaron a celebrarse.

HIJO
 ¿Y tú?

Pausa.

¿Nunca quisiste olvidarlo todo?

La MADRE sonríe con una serenidad nacida del tiempo.

MADRE
 Muchas veces.

Pero olvidar no siempre cura.

A veces solo aplaza el dolor.

Silencio.

El HIJO se acerca unos pasos.

HIJO
 Entonces…

¿por qué has decidido hablar ahora?

La MADRE levanta la mirada.

Sus ojos ya no muestran miedo.

Solo cansancio… y una antigua determinación.

MADRE
 Porque llega un momento en que el silencio deja de proteger.

Y empieza a hacer daño.

Los dos permanecen inmóviles.

La luz desciende lentamente.

Oscuro.

Escena siguiente.

La luz regresa lentamente.

La misma habitación. Ha pasado un tiempo. La tarde comienza a convertirse en noche. Una lámpara ilumina la mesa. La MADRE permanece sentada. El HIJO mira por la ventana.

HIJO
 Nunca imaginé que el silencio pudiera pesar tanto.

MADRE
 Solo pesa cuando lleva demasiado tiempo viviendo con nosotros.

Breve pausa.

HIJO
 Ahora entiendo muchas cosas.

MADRE
 ¿De verdad?

HIJO
 Empiezo a entenderlas.

No es lo mismo.

La MADRE baja la mirada.

MADRE
 A veces ni siquiera quien ha vivido una historia consigue comprenderla del todo.

El HIJO se vuelve hacia ella.

HIJO
 Toda mi vida pensé que simplemente había preguntas que no tenían respuesta.

Ahora descubro que había respuestas… que nadie se atrevía a pronunciar.

MADRE
 Cada familia guarda sus propios inviernos.

Hay heridas que pasan de una generación a otra sin que nadie las nombre.

HIJO
 ¿Y terminan desapareciendo?

MADRE
 No.

Desaparecen cuando alguien tiene el valor de mirarlas sin odio.

Silencio.

El HIJO se sienta frente a ella.

HIJO
 ¿Eso es lo que estás haciendo hoy?

MADRE
 Lo estoy intentando.

Porque no quiero que heredes mis silencios como yo heredé los de quienes vinieron antes.

El HIJO permanece unos instantes pensativo.

HIJO
 Quizá hablar también sea una forma de cuidar.

La MADRE sonríe con emoción contenida.

MADRE
 Sí.

Las palabras llegan tarde muchas veces.

Pero cuando nacen de la verdad…

todavía pueden salvar algo.

Ambos permanecen en silencio. Ya no es un silencio de miedo, sino de comprensión compartida.

Fuera se escucha el canto lejano de un pájaro mientras la última luz del día desaparece lentamente.

Los dos permanecen sentados en silencio. Ya no hay distancia entre ellos. La luz se extingue lentamente.
 Fin.

Oscuro.





Comentarios

Entradas populares de este blog

Informe estratégico.

L’Occident à la croisée des chemins : la crise morale et politique du XXIᵉ siècle.

Teatro. La última cátedra.